La asimetría de la inteligencia artificial
Misma herramienta, resultados opuestos: lo que la asimetría de Taleb y el pavo de Acción de Gracias enseñan sobre usar la IA en la abogacía.
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Hay tecnologías que nos hacen trabajar más rápido.
Y luego apareció la inteligencia artificial, y la escala del asunto cambió por completo.
Un abogado con IA no tiene simplemente un becario que trabaja deprisa. Tiene, potencialmente, acceso inmediato a una capacidad de búsqueda, síntesis, comparación, redacción y análisis que hasta hace poco podía exigir horas de trabajo.
Y aquí me acuerdo de Nassim Nicholas Taleb y de su libro Antifrágil.
La asimetría
Una de las ideas de Taleb que más me gustan es la de la asimetría: situaciones en las que lo que puedes ganar y lo que puedes perder no pesan lo mismo, de modo que pequeñas diferencias en la exposición a una oportunidad o a un riesgo terminan produciendo resultados enormes.
Creo que con la IA está ocurriendo algo parecido.
Dos abogados con conocimientos bastante similares pueden sentarse delante del mismo expediente. Uno puede pasar la mañana buscando jurisprudencia, ordenando argumentos y preparando un primer borrador. El otro puede hacer una parte importante de ese trabajo en veinte minutos y dedicar el tiempo que le queda a comprobarlo, discutirlo y, con un poco de suerte, pensar.
La diferencia ya no está solamente en cuánto sabe cada uno.
Está en cuánto puede hacer con lo que sabe.
El pavo de Acción de Gracias
Taleb tiene además una historia que me encanta: la del pavo.
Durante toda su vida, un pavo recibe comida del granjero. Día tras día. Cada nueva comida confirma su teoría de que el mundo funciona razonablemente bien y de que aquel señor, por algún motivo, le tiene bastante cariño.
Hasta que llega Acción de Gracias.
El pavo tenía cada vez más datos y, sin embargo, estaba cada vez más equivocado.
Con la IA puede ocurrir algo parecido, aunque de otra manera: podemos confundir más capacidad con más criterio.
Una máquina puede redactar una explicación jurídica impecable y equivocarse en algo fundamental. Ya hemos visto abogados metidos en problemas por confiar en resultados generados por IA que no habían comprobado adecuadamente. En Estados Unidos, por ejemplo, un juez sancionó en 2023 a dos abogados que habían presentado un escrito con sentencias inventadas por ChatGPT (el caso Mata v. Avianca).
Misma herramienta, distinto resultado
Y aquí está, para mí, la parte interesante.
- El abogado que sabe Derecho y además sabe utilizar IA puede multiplicar su capacidad.
- El que no sabe Derecho y confía ciegamente en la IA puede multiplicar sus errores.
La herramienta es exactamente la misma. El resultado, no.
Quizá por eso la verdadera revolución de la IA no consista en que las máquinas sepan cada vez más cosas.
Quizá consista en que, por primera vez, la diferencia entre dos profesionales pueda depender no solo de cuánto saben, sino de cuánto son capaces de hacer con lo que saben.
Pensar. Y comprobar
Y eso tiene algo de paradójico.
Porque después de tantos años intentando acumular información, jurisprudencia, libros, cursos y experiencia, puede que la inteligencia artificial nos obligue a recuperar una habilidad bastante más antigua.
Pensar.
Y comprobar.
Sobre todo, comprobar.
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